Nace en La Puebla de Cazalla (Sevilla) el 10 de noviembre de 1923, hijo de José Moreno Galván y María Galván Jiménez. Era el mayor de cuatro hermanos (José Mª, Francisco, Elisa y Rosario), y hay que situarle en el seno de una familia modesta pero ilustrada.

Recibió sólo estudios primarios aunque desde pequeño sintió una gran pasión por la lectura, quizás por influencia de su madre, lectora asidua a la que José Mª definió como “de una curiosidad insaciable”. Esta afición lo llevó al Quijote (inducido por su abuelo), la literatura rusa y, sobretodo, a la lectura voraz de la Enciclopedia Espasa durante el tiempo libre que disponía en su trabajo como meritorio para el Ayuntamiento del pueblo, donde comenzó a trabajar con 14 años.

Desde muy niño había mostrado su admiración por la pintura de Murillo, aunque José María no mostrará su interés por el mundo del Arte ni entrará de lleno en él hasta la sucesión de dos hechos claves: en primer lugar, el acceso a la colección de números de “Blanco y Negro” guardados en su casa, en concreto a las críticas artísticas de Manuel Abril y, en segundo lugar, al descubrimiento de Van Gogh en un número especial de la revista “The Studio”.

Este interés le lleva a querer marcharse a Sevilla, donde ya se encontraba su hermano Francisco estudiando Bellas Artes, cosa que logrará en 1942 al conseguir un trabajo burocrático. Su llegada a la capital andaluza y la entrada en el círculo de su hermano le lleva a relacionarse con artistas jóvenes y a interesarse por toda la información artística que llegaba de fuera de nuestras fronteras (“Cahier de Art”, “Art New” o “Arquitectual Review”, entre otros).

Su primer contacto con Madrid lo tendrá entre 1944 - 46 cuando realiza el servicio militar en El Pardo. Los permisos los aprovechaba visitando salas de exposiciones y, sobre todo, el Museo del Prado donde entrará en contacto con la obra de numerosos artistas. Será también en estos años cuando descubra la crítica de personajes tan relevantes en este mundo como Eugenio D´Ors, Berenson, Wölflin y Walter Pater y, algo después, la de Worringer, Malraux o Apollinaire, entre otros. A partir de entonces, y aunque volvió a Sevilla (influyendo en la obra de su hermano Francisco), su trayectoria estará vinculada a Madrid donde se establecerá definitivamente en 1952.

En este año comienza a trabajar en la Bienal de Arte Iberoamericano desempeñando de nuevo un trabajo burocrático y, además, presentará su escrito de ingreso en la Facultad de Periodismo, donde será aceptado, terminando la carrera en 1955. Hay que señalar que la consecución de un título académico no era para él algo muy importante como podemos destacar de sus palabras recogidas en el escrito anterior: “un título académico es un intento lamentable y fallido de materializar algo que, en realidad, es totalmente imposible que pueda ser materializado: la cultura, la ciencia, el saber, lo que ustedes quiera”. En estos años su vida dará un giro al casarse, en 1954, con Carola Torres, con quien tendrá dos hijos, Carola y José.

José Mª fue un autodidacta, situado en un tiempo histórico nada dado a la inquietud y la curiosidad intelectual que siempre lo caracterizó. Fue un autor clave en el desarrollo de la vanguardia de posguerra, siendo uno de los críticos que prestó más atención a los movimientos de renovación artística en nuestro país. Vivió un momento muy importante en el arte español, una generación llamada “de ruptura” en la que se incluían todos esos artistas que, a fines de los 50, querían hacer algo nuevo.

Este panorama de creación tenía un reflejo teórico y en todas estas aportaciones siempre estará la figura de José Mª Moreno Galván, defendiendo la identificación del arte con la libertad, siempre abierto a todo lo nuevo. Fue coetáneo de la modernidad y esto le llevó a mantener una estrecha amistad con algunos de sus miembros como, por ejemplo, Millares.

Siempre tuvo muy claro lo que para él debía ser la crítica de arte (también recogido en su escrito de ingreso en la Facultad de Periodismo) al defender la necesidad de entender el cuadro relacionándolo con la totalidad, como un todo orgánico, en vez de enfocarlo de forma aislada como solían hacer la mayoría de los críticos españoles. Defendió la necesidad de salir de lo que llamó “autarquismo cultural” y mirar hacia el panorama internacional, aunque precisando las que él consideró características de la tradición local: expresividad, extremismo formal y analítico y apertura al Impresionismo. Su crítica fue ante todo innovadora y detrás de su trabajo siempre estuvo la intención de no quedarse sólo con informar sobre lo que se estaba haciendo en el amplio panorama artístico, sino tratar de hacerlo accesible a todos, acercar lo contemporáneo.

Su aportación es amplia y variada destacando sus tres libros y las múltiples colaboraciones en las publicaciones más relevantes de su tiempo. Sus libros, todos publicados en la década de los 60, son los siguientes:

Introducción a la pintura española actual” (Publicaciones Españolas. Madrid, 1960), “Autocrítica del Arte” (Ediciones Península. Madrid, 1965) y “La última vanguardia” (Magius Ediciones de Arte. Madrid, 1969). Sus aportaciones fueron muchas y en numerosos medios, señalando, por orden cronológico, en 1953 su colaboración activa con “Mundo Hispánico”, “Correo Literario” y “Cuadernos Hispanoamericanos”, y en 1955 su actuación como crítico de arte en las revistas “Goyay “Teresa”. A finales de la década, son reseñables sus colaboraciones en “Papeles de Son Armadans”, “Gaceta Ilustrada”, “Arte y Hogar”, “Destino” y “Actualidad Cultural”, además de en los diarios “El Alcázar” y “Ya”.

Entre 1961 y 1970 se fechan sus colaboraciones en la Revista “Artes”. Durante los 70 realizó asiduamente la crítica de arte en “Triunfo” y a partir del 78 fue el crítico oficial de “Nuestro Tiempo”. Además realizó numerosos catálogos básicos para el conocimiento del horizonte artístico del momento, pronunció numerosas conferencias, dictó variados cursos (son especialmente recordados los de la Universidad de Santander) y era directivo de la Asociación Española de Críticos de Arte y miembro de la Asociación Internacional.

Ante todo José Mª Moreno Galván fue un hombre comprometido con el arte y con el momento que le tocó vivir. Sufrió más de una persecución y más de un proceso a lo largo de su vida. Es reseñable el homenaje a Picasso  en la Complutense en 1970 donde dio una conferencia que le costó ser detenido y que provocó la reacción de diferentes artistas al encerrarse en el Museo del Prado como protesta.

Murió en el Hospital Clínico de Madrid a los 57 años después de una dura enfermedad (arteriosclerosis) el 23 de Marzo de 1981. En Mayo de 1995 en La Puebla de Cazalla, su pueblo natal, abrió sus puertas el Museo de Arte Contemporáneo “José Mª Moreno Galván”, un pequeño homenaje a un personaje clave para el entendimiento de todo lo que es el arte de vanguardia español.