Exposición Silvia Lermo
El Museo de Arte Contemporáneo José María Moreno Galván acogerá la exposición Cuerpos que nacen de la sal de la pintora Silvia Lermo del 8 de mayo al 28 de junio.
La pintura de Silvia Lermo (San Fernando, Cádiz, 1986) emerge del fértil territorio de la memoria. Un territorio donde conviven la realidad y el recuerdo que se mantiene de esta, donde se templan las verdades y se custodian los sueños. En este transitar de Lermo por la memoria, el paisaje, el retrato y el bodegón son caminos que confluyen, ensanchando así la mirada que se posa sobre un pasado en el que se edifica el presente.
La memoria es el alféizar desde donde observamos un horizonte que se aleja poco a poco; la leña con la que avivamos el fuego que ilumina un tiempo pretérito.
Lejos de contemplarse como un generador de imágenes herméticas y objetivas, la memoria en la obra de Lermo se plantea como una tensión continua entre el pasado y el presente. A través de la memoria, el pasado se observa desde la subjetividad que otorga la experiencia emocional y desde la trascendencia que implica dicha vivencia en cada individuo. La memoria como cimiento sobre el que se construye el devenir; la memoria como raíz.
En este sentido, la memoria no genera una fotografía de un acontecimiento pasado, sino una serie de escenas donde el paso del tiempo ha transformado aquella realidad fáctica a través de las emociones, sensaciones y repercusiones que desencadenaron dicho acontecimiento. Así, en estas escenas planteadas por Lermo en Cuerpos que nacen de la sal se funden lo onírico y lo costumbrista, generando una atmósfera henchida de simbolismo. Animales, paisajes, objetos, tatuajes o retratos que no sólo tienen un significado para la propia artista, sino que se florecen ante la mirada del espectador abriéndose a diferentes lecturas.
En esa hondura de la memoria, el paisaje emerge como un escenario insalvable; el territorio que habitamos nos acaba habitando. No se trata sólo del entorno natural o urbano que nos rodea, sino de un contexto que condiciona la forma de percibir el mundo, de relacionarnos con la realidad tanto dentro como fuera del propio paisaje. El paisaje no sólo es mirado, sino que configura la mirada; el paisaje se transforma por el paso de las estaciones o por la propia intervención humana, transformando a su vez la mirada que lo observa.
En un sentido amplio, el paisaje, en tanto que entorno, es también retrato y bodegón. En él se conjuran todos aquellos elementos en los que se conforma la memoria. Como los animales que aparecen en las pinturas de Silvia Lermo, sobrevivimos gracias a la simbiosis que se genera dentro del ecosistema que nos acoge. En esa simbiosis entran en juego desde el entorno familiar, el mobiliario propio del hogar o la arquitectura, hasta las tradiciones, el clima o la fauna y la vegetación endémicas. De alguna forma, el paisaje nos otorga un lugar y un modo de estar en el mundo, de configurar nuestra memoria.
La memoria es una huella ancha y honda,
como la cómoda de la casa donde nací,
como los ecos de los cantes viejos,
como todo lo que aún queda por vivir
Texto: Guillermo Amaya Brenes
Comisariado: María José Sánchez Gago



